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16/09/2013 / delagranja

Marina d’Or ciudad de vacaciones se convierte en Marina H’orror, parque de atracones

Marina d’Or es ahora Marina H’orror. El negocio ha cambiado de orientación transformándose en un parque temático dedicado al miedo patrio, la sinvergüencería nacional y al terrorismo de arcas de Estado. Una idea que ha partido de ningún partido y que ha sido aplaudida por nadie en concreto.

El día de la inauguración se fletaron cientos de autobuses rellenos de jubilados con pensiones recortadas, parados de eterna duración, jóvenes recién licenciados cum cardum y familias desalojadas como margaritas deshojadas. Valió la pena: el parque Marina H’orror se llenó de gritos de rabia y terror arrancadas espontáneamente ante sus atracciones fatales. Una de las más cacareadas fue el Corralito Bankia donde los atrac-turístas (como ya se conoce a los usuarios de este parqué) reventaron los cajeros de plástico, rompieron los vidrios de azúcar glas y desvalijaron las cajas fuertes con billetes falsos y euros sevillanos.
Otro númerito que funciona de maravilla es Rodea el Congreso de los Imputados: un tren repleto de indignados da vueltas a una réplica del Congreso de donde salen unos fácilmente reconocidos parlamentarios que son bombardeados con tomates que les llueven desde todos los vagones al grito de ¡toma tomate, ladrón!
La gente mayor, aficionada a los bolos y la petanca, prefiere el Tiro al aro con Peineta, un juego muy tranquilo por equipos en el que ganan aquellos que logren insertar todos sus aros olímpicos por el dedo en peineta de un Ninot de Bárcenas tamaño colosal. Al final, el equipo ganador puede quemarlo con una antorcha olímpica que recibe de manos de la cegata diosa justicia.

No veo un huevo pero con la espada soy un hacha

No veo un huevo pero con la espada soy un hacha

Otro espectáculo de enorme éxito -el favorito de universitarios, becarios y opositores- es Jurado Popular, donde cada 15 minutos se sienta en el banquillo un miembro del Gobierno Popular, central o autonómicos, condenado por delitos contra la res pública y enfrentado a un jurado en toga y una audiencia exaltada que les echan en cara todos sus delitos mientras el imputado en silencio luce unas hermosas orejas de burro, una letra escarlata y un cartel al cuello que reza “Se hizo en diferido, según la ley”. Luego se les da un paseillo por un Retiro en miniatura y se les tira a una fosa séptica común entre aplausos y vivas de los asistentes. Los juicios con más demanda son a Cospedal, Mato y Botella, las tres grandes mosqueantes.

Yo a la fosa no voy... Como mucho me tiro al Manzanares con ropa de casa

Yo a la fosa no voy… Como mucho me tiro al Manzanares con ropa de casa

Sin embargo, la atracción estrella entre todas la más bella es El abordaje a El Bribón. En una de las playas de Oropesa, atracado en un puerto artificial espera un yate idéntico al Bribón del rey, venido a menos. Cada hora es abordado desde un barco pirata por los atrac-turistas perfectamente ataviados, que hacen prisioneros a toda la familia real, infantes incluidos. Se les somete a la ley del mar y se les declara culpables por unanimidad, decretando diversas penas según sus delitos: Urdangarín cuelga del palo mayor con la infantísima agarrada al empalmado de sus pantalones; el rey renquea por la tabla rompiéndose la cadera por el camino, la reina es confinada a su camarote con un loro mudo por toda compañía, Felipe es embadurnado en pez y sumergido en un barril de ron, y Leticia es brutalmente obligada a comer todas las sobras de la mesa del capitán, mientras Elena barre las inmundicias de las galeras repletas de galeotes con la cara de Marichalar que le meten mano a fondo. El hijo de ambos, Froilán de Todos los Santos, es obligado a reparar los destrozos de la quilla que tiene su misma edad.

Mírame el dedito, es un peinecito para mi cabeza de chorlito

Mírame el dedito, es un peinecito para mi cabeza de chorlito

En resumen, todas estas atracciones y espectáculos -de una originalidad sin precedentes en toda la Europa capitalista y otros falsos estados democráticos- se ha convertido en un exitazo a escala mundial atrayendo ya a turistas de puntos tan alejados como Islas Caiman, Mauricio o Uruguay, que cruzan encantados la puerta principal coronada con el revelador eslogan: A lo cohecho, pecho. ¡Qué lástima que hayan tardado en darnos a los españoles el placer de disfrutar de este H’Orror! No hay derecho ni al pataleo como atracción.

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